martes, 15 de abril de 2014

El espejo de la mente

Las peores ataduras y mayores obstáculos, se hallan sin duda en nuestra propia mente. Son la ignorancia básica, el egocentrismo, la avidez, la aversión, el resentimiento y tantas otras emociones perturbadoras.

Hay que trabajar en el escenario de la mente para ir liberándolo de estos impedimentos y que, una vez eliminados, pueda surgir esa comprensión clara y profunda de las cosas, que aporta sabiduría y una correcta actitud de pensamiento, palabra y obra.

El discípulo se acercó al Maestro para decirle:
-"Te ruego venerable Maestro, que me muestres el camino de la liberación"
- "¿Y quién te tiene prisionero?", preguntó a su vez el Maestro...
-"Nadie", repuso el discípulo.
-"Entonces,¿Porqué buscas la liberación?"

Debido a que tu mismo tienes imperfecciones, por eso crees que el entorno es imperfecto. Es como un espejo con una superficie desigual, las imágenes en él reflejadas también son deformadas. O es como la superficie del agua rizada por las olas, la luna reflejada en ellas es irregular y distorsionada.

Si la superficie del espejo es clara y plana, o si el aire en la superficie del agua está quieto y se calman los rizos, entonces el reflejo en el espejo y el reflejo de la luna en el agua serán claras y exactas.

Por lo tanto, desde el punto de vista del Chan, la causa principal del dolor y la desgracia de la humanidad no es el entorno incierto del mundo en el que vivimos; Tampoco la faz terrible de la sociedad del género humano, sino el hecho de que hasta ahora no hemos sido capaces de reconocer nuestra naturaleza fundamental.

Nuestro mayor enemigo no se puede encontrar en el mundo exterior, lo que más nos molesta, es nuestra propia mente.

Nosotros cambiamos constantemente como nos sentimos. Nos movemos desde la arrogancia al arrepentimiento, pero nunca vemos algo de la misma manera conforme pasa el tiempo, porque no vivimos en la realidad única del momento presente.

Por consiguiente, estamos en conflicto, y nos sentimos impotentes para tomar una simple decisión.

Nos preocupamos por el logro o la pérdida, lo correcto e incorrecto, y no sabemos decidir que hacer. Y así todo sigue igual. Eso es la verdadera miseria. Y hay muchas personas que sufren de esta manera y todavía creen que no tienen ningún problema.

Y cuando declaran que no tienen problemas, quizás salten de arriba y abajo, tengan berrinches y se sumergen ellos mismos en continuos estados de agitación extrema. Pero son incapaces de verlo...

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