La elección es tuya...

Algunos alumnos –y también personas ajenas a la escuela-- me preguntaron en más de una ocasión, sobre el motivo para pretender conservar a toda costa y de la manera más fiel posible, toda la serie de conocimientos sobre el Kung-fu Shaolin que una vez me fueron legados. ¿Para qué sirve la tradición?... ¿Qué es eso de la tradición?... ¿Porqué no se pueden modernizar y modificar los movimientos y técnicas?... ¿Qué diferencia hay entre ser o no, alumno iniciado o discípulo (Paisu)?
Para mi, obviamente, la respuesta es bien sencilla, pues he tenido la suerte de beber de las fuentes originales del Kung-fu, de nuestro estilo. Y esta circunstancia, hoy en día ya no es valorada, pues priman otros intereses que relegan la comprensión profunda a un último lugar... Pero, a su vez, yo les pregunto: ¿Es el camino marcial una forma de vida para ti?...

La respuesta ha de ser profundamente meditada, pues su aceptación implica un gran sacrificio, que, lo queramos entender o no, es para toda la vida. Y toda una vida,... es muuuucho tiempo!

La única manera de obtener todo lo que el Kung-fu puede ofrecer es a través de la tradición, pues solo a través de la transmisión de un linaje in-interrumpido, se conserva la genuina combinación de movimientos, técnica y espíritu: el fluir de la energía que lo hace arte. En el Kung-fu Shaolin, el movimiento externo siempre tiene un origen interno que no es visible, que solo se puede sentir. Los movimientos del diafragma, de la caja torácica, de la espalda y columna, del abdomen y los órganos internos, etc., no se exteriorizan, lo mismo que no se exteriorizan las diferentes sensaciones que el flujo energético produce por todo el organismo. El manejo y desarrollo de este flujo de energía exige un universo de movimientos internos, alentados y dirigidos por el espíritu y la conciencia, que no pueden aprenderse si no es a través de una larga y sincera relación con el Maestro y de un compromiso que se manifiesta en la condición de alumno iniciado o Discípulo.

La posibilidad de llegar a ser depositario, como ha sido mi caso personal, de la tradición, pasa inexcusablemente por la adquisición del compromiso que significa ser Discípulo. Es éste un compromiso con el Maestro que exige aceptar sin condiciones su palabra y acatar sus instrucciones en todo lo que tiene que ver con el Kung-fu: su aprendizaje, su práctica, su enseñanza y su difusión. Solo asumiendo ese compromiso es posible acceder a todos los movimientos y técnicas internas e impregnarse del espíritu genuino. Sin iniciación no hay transmisión tradicional, y sin esa transmisión no hay movimiento ni espíritu genuino. No hay conciencia profunda de lo que se hace. Si se suprime o adultera la tradición, no se produce el flujo esencial de la energía y se está inevitablemente abocado a la decadencia y a la extinción. Muchos alumnos entienden el Kung-fu Shaolin como un deporte marcial, o al menos así lo expresan y viven. Así, muchos ineptos ocupan el lugar de los verdaderos artistas marciales, y muchos Maestros tradicionales son suplantados por Shifús de inacabada experiencia.

Todos dicen ser practicantes del estilo, del arte; a todos les gusta colgarse el cartel de ‘alumno de’, de iniciado, de practicante, de experto... a todos les gusta mucho el ‘figurar como’... cuando en realidad, lo que hacen es un deporte marcial –por denominarlo de alguna manera-... Estos deportes marciales, o la manera de entenderlos, no exigen el compromiso con la tradición, aunque puede que exijan dedicación y sacrificio, pero no compromiso, como no sea con el triunfo frente a los demás y la obtención de notoriedad y logros económicos. Esto se llama vanidad, que es por lo que practican de verdad muchos...

Sin embargo, todavía existen personas que sienten algo en su interior que les empuja a buscar en el mundillo de las artes marciales un camino de crecimiento, un camino de re-encuentro con su Yo más íntimo. Sienten que debajo de todo lo que ven debe haber algo y que el espíritu que ven en algunos Maestros orientales y algunas películas, es real o alguna vez lo fue. Así, muchos se lanzan a buscar, ¿y que encuentran?... las “artes marciales tradicionales modernas”, generalmente dirigidas por personas que creyendo que se puede prescindir de los aspectos que no sirven a sus propósitos, e intentan adaptar la tradición a sus planes. Pero todos los libros, videos y Maestros del mundo no sirven para nada si no existe compromiso con la tradición. La percepción del flujo de la energía exige una dedicación de por vida sin esperar recompensa de ningún tipo.

Practicar y aprender bajo la idea de la recompensa económica, lleva inevitablemente al fracaso y al abandono de la actividad, pues está basada en un condicionante externo, sin el cual, estaremos vacíos, sin motivación.

No hay que olvidar que ante todo, el Kung-fu Shaolin tiene dos motivaciones muy claras; una la de la supervivencia en una confrontación física (Wu), y la otra, la de ser un camino hacia nuestro conocimiento interior (Ch’an). Ambas facetas se engloban perfectamente bajo el camino del Guerrero...

Pero la práctica del Kung-fu Shaolin –y muchas otras artes marciales tradicionales- exige una elección: convertirse en lo que practican, o quedarse en la superficialidad de los que entrenan durante dos o tres días a la semana, olvidándose de lo que hacen durante el resto del tiempo, sino es para hacer alarde de sus proezas o quejarse de las agujetas. Estos últimos entrenan para divertirse, o como pasatiempo... Practican un arte marcial adulterado, descafeinado, despojado de su verdadera utilidad (Wu y Ch’an) –que queremos seguir vendiendo, a pesar de todo, como lo que ya no es... Así, su Kung-fu, queda en la más absoluta superficialidad, perdiendo su verdadera esencia, su eficacia, su poder y su utilidad como camino de crecimiento en la vida.

Pero un “Guerrero” no va a la deriva de un gimnasio a otro, dejándose arrastrar por los caprichos de lo que está de moda. Así no llega nunca a ninguna parte. Su práctica será solo física, sin estructura interna, sin ese flujo de energía que te hace ser fuerte en todos los sentidos.

Estas personas, aun cuando lleven muchos años de prácticas, no tendrán una estructura interna fuerte, no tendrán ese espíritu del que hablaba antes. Pero aún así, persisten en su manera de entrenar, queriendo adaptar el arte a su carácter, lo cual es imposible, pues siempre es el arte el que forja un carácter...

Querrán siempre ir por delante del Maestro, creyendo que ya lo saben todo, pero cuando necesiten mirar atrás, verán que “su Maestro” ya no está en ese camino... y se encontrarán perdidos.

En el fondo es solo una excusa ante su incapacidad para aceptar el compromiso con la tradición, con su Maestro, y el fracaso personal en ese intento.

Y entonces echamos la culpa siempre a los demás...

Reflexiona profundamente sobre todo esto, y entonces decide claramente, en qué posición estás tu...

¿Cuál es tu excusa para no ser lo que quieres ser?...

Si no eliges el camino del guerrero, es decir, el camino del compromiso con la tradición, no podrás comprender que el Kung-fu es un verdadero camino de aprendizaje para la vida...

La elección es siempre tuya...

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