En muchas ocasiones, me he quedado absorto en la observación de los animales, -en mi caso dos perras y algunos gatos-, que me han hecho reflexionar profundamente sobre nuestra condición humana. No puedo dejar de encontrar muchos paralelismos entre ellos y nosotros y, francamente, muchas veces salen ganando ellos. Lo mismo sucede cuando observo a mis congéneres - incluido a mi mismo- y veo la decadencia que padecemos por nuestra incoherencia y falta de conciencia. El más absoluto desorden parece reinar en nuestras mentes y acciones y eso se traduce en una sociedad igualmente desordenada, donde para que las cosas puedan medianamente funcionar, hemos de crear constantemente normas y leyes que nos regulen desde 'fuera', porque ya somos incapaces de hacerlo por nosotros mismos. La pérdida progresiva de valores se ha agudizado hasta extremos inimaginables hace unos años atrás, debido -entre otras causas- a la voraz tecnología que, lo entendamos o no, no hemos sabido encaja...